Fue como invitada a un show de televisión. Lo que vio en camarines le cambió su visión del mundo

Esta historia cuenta la vivencia de una chica que quizo entrar al mundo del espectáculo. Ella pensó que sería su oportunidad de ganar dinero y saltar a la fama pero al final se daría cuenta que detrás había algo mucho más oscuro. Lucía, como se llamaba la mujer, se dio cuenta que la fama tenía un precio que quizás ella no estaba dispuesta a pagar.

Lucía jamás pensó que llegaría a la televisión. Era una fanática de las comunicaciones y le encantaba estar informada de todo leyendo los diarios, revistas y revisando las redes sociales, pero de eso a estar en un show de televisión de espectáculo era mucho. Pensaba en eso mientras estaba en los camarines y una chica que mascaba chicle con la boca abierta le peinaba el cabello y luego la maquillaba. Nunca se había visto así de linda en el espejo. “Podría acostumbrarme a esto” pensó y luego salió hacia el estudio guiada por un productor bajito que caminaba veloz con unos auriculares grandes en los oídos.

En el estudio habían tres chicas vestidas igual a ella. Con un vestido azul ajustado, que apenas les cubría el trasero y dejaba ver un pronunciado escote. Ella no parecía tan curvilínea como ellas. “Aunque por algo estoy acá”, se dijo a sí misma. Las otras chicas parecían muy tranquilas. Ella estaba nerviosa. Le dijeron que se parara a un lado de ellas. Solo debía sonreír a la cámara y hacer lo que le dijera el director. No parecía muy difícil…

Todo comenzó con una conversación en la casa de una pareja de amigos. Lucía sabía que conocían gente “cool”: gente de la televisión, cineastas, pintores, músicos, escritores, todos con su aire de genialidad y éxito. Ella trabajaba en una escuela, vivía sola en un pequeñísimo apartamento y su mejor amigo era un gato gordo con el que compartía la cama. Aún así, Cristina, su amiga de la infancia, y Leo, su marido, siempre la invitaban a sus “fiestas”. Esa noche era el cumpleaños de este último.

Sola, sentada en un sillón de cuero con una copa de vino Lucía miraba a todas las personas que llenaban el salón. De pronto un tipo guapo y bastante alto se sentó a su lado. Tenía los tres primeros botones de la camisa abierta y dejaban ver una cadenita de plata que la encandilaba. Lucía muy bronceado para ser invierno, el pelo peinado con gel y parecía ser un tipo que frecuentaba el gimnasio con regularidad. Su fina nariz respingada le daba un aire aristocrático y sus ojos azules la intimidaron.

Jaime se llamaba. Trabajaba en televisión y era el conductor de un show del cable que, al parecer, era muy popular en gran parte del continente. Ella no lo había visto y eso pareció gustarle a él. Conversaron casi dos horas de diferentes temas y se tomaron una botella y media de vino. Cuando eran casi las 2 de la mañana salieron juntos a la calle riendo. Compartieron un taxi y él la acompañó durante todo el recorrido hasta su apartamento, a pesar de que vivía mucho más cerca de la casa de Cristina y Leo que ella.

Fue muy caballeroso y jamás se sobrepasó a pesar de que ella estaba bastante ebria. Por un momento pensó que subiría con ella, que se acabaría una sequía de largos meses, pero Jaime simplemente le besó la mejilla y se despidió. Luego el taxi salió disparado otra vez y ella se quedó mirando desde la puerta de su casa. “¿Será gay?” pensó.

Al día siguiente recibió un llamado que la dejó muda. Era él. Su voz sonaba diferente, un poco más nasal. Como si estuviera resfriado. Luego le explicó lo del programa de televisión. Sería una de las modelos del show. “Eres linda e inteligente, no necesitas más”, dijo él. Le pareció tentador, además que podría perder. Lo vio una oportunidad de ser famosa y ganar dinero.

El programa fue un éxito y una vez que la luz de las cámaras se hubo apagado, todo el equipo del set de televisión aplaudió. “Voy a ser famosa”, pensó Lucía. Se quedó conversando un buen rato con la gente de producción y sonreía muy feliz con los halagos de todo el mundo. Luego caminó feliz hacia los camarines. Quería llamar a su mamá para contarle. No lo creería. Pero cuando abrió la puerta de madera vio algo que la dejó escandalizada.

Jaime estaba de pie apoyado sobre el mesa donde unas horas antes la estaban maquillando. De rodillas  con la cabeza en su entrepierna estaba la chica morena que estuvo durante gran parte de la grabación a su izquierda. Marisol o María, ya no lo podía recordar. Mientras tanto a un lado otra de las chicas, completamente desnuda, picaba unas líneas de cocaína sobre un espejo. Asustada, Lucía cerró la puerta y salió. Jaime salió unos segundos después y la agarró por la cintura desde atrás y le dijo algo que ella jamás pudo olvidar.

“Tranquila Lucía… no fue nada, ya te va a tocar a ti”.

“¡Qué!”, dijo ella escandalizada, y se quedó mirándolo con la boca abierta.

“¿Crees que salir en televisión es gratis? ¿Te gustaría volver a salir? Pues es el precio que hay que pagar…”

Ahora cada vez que una de sus alumnas, casi siempre la más linda de la clase, le dice que le gustaría estar en televisión ella no puede evitar volver a escuchar esas palabras.

Source: Upsocl


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